Según el diccionario,
motivación se define como "la acción de motivar o estimular a una
persona", aunque también se entiende como "aquello que anima a una
persona a actuar o realizar algo". Por su parte, la vocación es "la
inclinación o interés que una persona siente en su interior para dedicarse a
una determinada forma de vida o un determinado trabajo". Si queremos
mejores resultados para cualquiera que desee emplear ciertas acciones humanas,
se necesita de ambas para que el individuo efectúe bien sus labores. Un hombre
que es bueno en un ámbito es capaz de conseguir el doble de sus inversiones de trabajo, pero aquel que solo lo consigue
escasamente por medio de motivación, suele perder su tiempo haciendo algo banal
que solo lo llevará a agotarse física y emocionalmente, porque no puede
conseguir la misma cantidad que un trabajador promedio conseguiría en su ambiente
de trabajo.

Con base a esta información podemos conocer la mentalidad
de un adolescente, ellos están a diario fijando su rumbo en el presente y ven
al mundo como un camino interminable y aburrido de analizar a futuro;
probablemente, porque mucho de lo que gozan en las tecnologías actuales les
plasman por los medios que todo en ésta vida tiene una solución ya impuesta por
alguien más, y que el trabajo de ellos es divertirse y disfrutar la edad que
poseen ahora, porque más tarde no habrá tiempo para eso, pues el mundo adulto
es cruel y difícil, ya que todos terminarán trabajando para los demás, el círculo
de la comunidad del que nadie podrá salir.
"Se puede alcanzar un sueño porque vocación y
motivación están en la misma línea recta y solo imponderables pueden desviar de
la ruta diseñada"
Y cuando hablamos de un sueño, imaginamos muchas cosas,
entre ellas, lo que hemos conseguido al dormir durante nuestras horas de
descanso nocturnal. Pero en el caso de la escolaridad, nos enfocamos
especialmente en el “soñar despiertos”.
De pequeños tenemos más motivación por el estudio, nos
conciben con la idea de que seremos grandes personas que dejarán marca en el
lugar donde vivimos, nuestros propios padres nos motivan a soñar en grande para
estudiar materias complicadas o difíciles de recibir gran mérito monetario.
Algunos crecen soñando que serán veterinarios, otros astronautas, policías,
cocineros, viajeros, etc. Pero la realidad es mucho más oscura si notamos que
dichos oficios o profesiones no son muy codiciados por el simple hecho de que
en un país como en México jamás serán de gran relevancia para la sociedad.

Ahora bien, nadie nos ha limitado a soñar, probablemente,
seguiremos sin encontrar nuestra vocación, así lleguemos a ser mayores y con
alguna carrera ya ejercida. Es por eso, que nunca debemos dejar de lado nuestra
motivación como seres humanos, porque probablemente estemos perdiendo el
tiempo, estudiando algo que definitivamente no amemos y que sea sólo la única
forma de generar recursos para pagar cualquier tipo de trato comercial.
·
Toma distancia y pon
en perspectiva tu situación actual
A veces un poco de distancia ayuda a ver mejor y a quitar
pasión a un asunto. Así que, en una situación de incertidumbre, conviene mirar
tu vida como si fuera la de otra persona. ¿Qué tendría que hacer para salir del
atolladero? Según explica Aída Baida, coach de La Profesional, conviene poner
distancia física para aclararse. “En esas situaciones es difícil escuchar lo
que realmente quieres, por eso es importante sacar tiempo para ti (…) y no me
refiero a 10 minutos, sino a todo el tiempo que necesites para pensar con
claridad lejos de tu ambiente habitual. Así que vete de vacaciones o tómate el
fin de semana para pensar y dejar fluir tus pensamientos sin las presiones
diarias”. Una recomendación parecida da Emily Huns, jefa de estudios de la
Universidad de Londres: “Si no tienes idea de qué estudiar, relájate, es
normal”. Huns cree que es importante tener tiempo para escoger una disciplina
de la que uno realmente disfrute porque es el primer paso para ser un buen
profesional.
·
Experimenta y no
inviertas demasiado (todavía)
Si realmente no tienes vocación conocida, lo mejor es
probar varias cosas. A veces nos acaba gustando lo que menos habíamos
imaginado. No es mala idea hacer un curso gratuito, que no suponga grandes
inversiones de tiempo y dinero y que pueda servir para abrirte un camino o todo
lo contrario, para desechar alguna posibilidad a la que estuvieras dando
vueltas en la cabeza. Alfonso Alcántara, creador del blog Yo oriento y coach
especializado en directivos y empresas, lo resume muy gráficamente: “En caso de
duda, da el siguiente paso pequeño y barato”. Para este experto eso es mucho
más eficaz que paralizarse y esperar a saber lo que se quiere para actuar. “La
vocación no se espera, se construye. Nos puede interesar casi todo si le damos
una oportunidad”, sentencia Alcántara.
·
No pienses en el
título, sino en las competencias
La idea central de esta recomendación es que el mercado
laboral cambia, las profesiones también, pero hay habilidades y competencias
que seguirán siendo imprescindibles y bien valoradas. Es un error pensar
únicamente en el estatus que puede otorgar un título de una universidad
determinada y no en lo que realmente te va a enseñar. “Hay que preocuparse
menos por lo bien que suene el nombre de los estudios, acreditación o titulación
de que se trate, no hay que dejarse engañar por su validez aparente. No se
comprueban suficientemente los aprendizajes y competencias concretas que
realmente incluye una titulación.
Tenemos que considerar más las consecuencias reales de
participar en una determinada formación: en qué profesional nos vamos a
convertir. Para elegir estudios, no pienses en profesiones, piensa en ser
profesional. No conocemos las profesiones del futuro, pero es probable que las
competencias valiosas sigan siendo similares”, escribe Alcántara en su blog.
Algunas de estas competencias transversales y siempre útiles están relacionadas
con la ofimática, los idiomas, las matemáticas, la estadística, la informática
y la programación, las redes sociales y la gestión de contenidos en Internet,
las habilidades sociales y las ventas.
·
Aprende mucho de
algo. Hazte un profesional hiper especializado
Por lo visto muchas vocaciones han surgido de profundizar
mucho en un asunto. Cuanto más se sabe de algo, más te gusta. Una vez
finalizada la fase de experimentación, conviene poner el foco en una materia en
lugar de seguir acumulando conocimientos superficiales sobre infinitos campos.
Esta estrategia, además de ayudarte a aclarar tu vocación, también es útil para
la entrada en el mercado laboral, pues te ayudará a definirte, profesionalmente
hablando, y a diferenciarte de la competencia.
·
Fortalece tu red de
contactos
Aunque aún no sepas con total claridad lo que quieres
estudiar, hay una cosa que siempre necesitarás: contactos. Así que allá donde
vayas dedícate al arte de hacer networking, pero tampoco te conviertas en una
máquina de repartir tarjetas, simplemente habla con la gente, conócelos y, si
estás de suerte, haz algún amigo. Recuerda que eres y serás tus relaciones.